Lo que siempre quise decirte y nunca me atreví, es la
típica frase de arrepentimiento o duda que todo el mundo tiene alguna vez en su mente pero a la
que realmente no
le prestamos demasiada atención. La mayoría de las ocasiones no nos
damos cuenta de que esa persona a la que estamos esperando puede estar muy
cerca, como tu mejor amigo/a o tal vez solo como un conocido
más. Sin embargo, cuando creemos que ha llegado porque cumple todas las
expectativas que nosotros creíamos inalcanzables
sentimos miedo: miedo a lo desconocido, miedo a decepcionarse, miedo a
sufrir, al fin y al cabo a enamorarse hasta las trancas. Los jóvenes de
hoy en día están tan enganchados a la tecnología que no tienen en cuenta
el valor de las miradas, de los nervios antes de reencontrarse, de los
largos paseos a las tantas de la mañana hablando de cosas sin sentido
pero de llegar a casa con una sonrisa de oreja a oreja, sin valorar los
besos de despedida con sabor a: no te has ido y ya te echo de menos;
toda esa magia es la que no podemos tener a través de simples pantallas.
Por todo esto que muchas veces perdemos sin darnos cuenta, por todas
las cosas que no nos atrevemos a decir por miedo a ser rechazados o a
sentir más de la cuenta, porque puede pasar tu tren y tú podrías no
darte ni cuenta si no tienes los ojos bien abiertos.